domingo, 23 de noviembre de 2008

Cantos chinos y peligros solidarios




Los caminos de la solidaridad revolucionaria son a veces sorprendentes. Así como lo son sus riesgos lingüísticos.
Días atrás el General cantó con voz de falsete, en una octava más grave de lo ordinario, la famosa canción “Con el Rojo Sol del Oriente Vino Mao Tse Tung ”, el equivalente chino de nuestro Fidel que vibra en la montaña con el rubí.
Desde su tumba surrealista en des Batignolles, Andres Breton se revolvía alucinado y en un reparto marítimo cercano a la Habana con nombre de toque de trompeta, miles de estudiantes chinos se morían de la risa con los dislates fonéticos del Segundo Timonel. Con el sol rojo del poniente vino el macetón, sea por que lo traicionó el subconsciente o por la falta de práctica del idioma, cantaba en realidad Raúl aquella tarde después de haberse Hun Tao con el presidente asiático para discutir ayudas e inversiones orientales. Muy apropiado sin dudas.

Los gajes de tales ideológicos acercamientos me trajeron a la memoria el concierto de Ela Calvo en una lejana ciudad perdida entre las estepas. En un heroico esfuerzo fraternal, y sin saber ni papas de la lengua de Pushkin, entonó en ruso una popular canción de amor cuyo estribillo decía “no me escribas”, fonéticamente muy cercano en aquel idioma a la menos romántica frase “no me orines”. Por su puesto lo que no debía ocurrir sucedió. La ley de Murphy se impone en los momentos menos apropiados.
“Vete ya de mi vida pero por favor no me orines, no me orines…” El teatro se vino abajo.

Por la misma época una amiga venezolana quedaba impactada al llegar al aeropuerto de Boyeros con uno de los múltiples pensamientos antológicos del Comandante:
Cada cubano debe saber tirar y tirar bien.
“Ese sí que es un líder. Exhortando a su pueblo a “ tirar”, deberíamos tener uno así en cada esquina”.